Acabo de finalizar el procedimiento judicial más largo de mi vida: DIECISÉIS AÑOS!! Pero al final, mi clienta ha cobrado hasta el último céntimo de los alimentos impagados, con sus intereses y sus costas. Y ha preservado su vivienda de la que, actualmente, es única propietaria. Todo un periplo judicial iniciado en 2008.
El padre no pagó voluntariamente ni una mensualidad de los alimentos fijados en las distintas resoluciones judiciales que se fueron sucediendo durante este tiempo: auto de medidas provisionales previas al divorcio, sentencia de divorcio, auto de medidas provisionales previas a la modificación de medidas y sentencia de modificación de medidas. Tampoco pagó la mitad de las cuotas hipotecarias que gravaban el piso donde vivían madre e hijos, copropiedad de los otrora cónyuges. Ni, por supuesto, ningún otro gasto inherente a la propiedad que correspondía pagar a medias. Tampoco pagó ni un céntimo de los gastos extraordinarios y/o médicos de los menores.
Cuando conseguía que el Juzgado embargara su sueldo, cambiaba de trabajo. Vuelta a empezar. En 2008, los medios de la Administración de Justicia eran mucho más precarios y lentos que en la actualidad, en cuanto a averiguación patrimonial se refiere. Desde hace años, los embargos se practican telemáticamente y persisten hasta que se cobra la deuda. En aquella época, se realizaban mediante oficios en papel que se entregaban en mano a Hacienda, a las distintas entidades bancarias y a las empresas empleadoras que, en este caso, se sucedían. Los destinatarios contestaban del mismo modo. Así que cuando la respuesta llegaba al Juzgado, la información, no pocas veces, estaba obsoleta. El deudor hizo todo tipo de triquiñuelas para evadir su responsabilidad. No las reproduzco para no dar ideas.
Es un caso de violencia económica en toda regla. Deudor solvente que no paga para dañar. A través del Juzgado descubrimos nóminas de hasta 7.000.00 €/mes. Pero en aquellos años, no se hablaba de violencia económica y, ya se sabe, lo que no se nombra no existe. Además, mi clienta estaba agotada emocional y económicamente de tanto proceso judicial. Al ser una mujer trabajadora de clase media, no podía acogerse al beneficio de la justicia gratuita. A los procesos judiciales de familia y reclamación de alimentos, se sumaron sus correspondientes apelaciones y unos cuantos juicios de faltas promovidos de adverso que fueron desestimados por infundados. Además de otros procesos civiles. Desde la separación, la madre pechó en solitario con todas las necesidades económicas de los menores (ahora, adultos independientes).
Mujer trabajadora de clase media, madre y heroína. Haber salido victoriosa de esa situación persistente en el tiempo, que perjudica la calidad de vida, merece todo mi respeto y reconocimiento. Merecimiento que quiero hacer extensivo a la multitud de mujeres que han pasado o se encuentran en una situación similar. ENHORABUENA A TODAS ELLAS!!
Cierro esta entrada con palabras de mi clienta:
«Es verdad que nada compensa todo el dolor pasado, pero la justícia sabe muy bien cuando te da la razón y los dineros siempre ayudan!!
Me quedo con todo lo bueno….Gracias por tu empeño, persistencia, tu buen hacer profesional y ser una mosca cojonera
y no dejar que me rindiera nunca, entre tantas coses duras y desagradables, que tu sabes bien».
